oy como todos los sábados me levanté temprano. Prendí la televisión y me encontré con puras tonterías, estaba el programa sabadazo, me choca ver a esas viejas ridículas y al payaso “lapicito”, me cae tan mal porque parece que está enfermo de la cabeza, no hice otra cosa más que fruncir el ceño y pararme. Puse música a todo volumen y comencé hacer el aseo.
Estaba tan feliz escuchando a ramones, una de mis bandas favoritas de punk, pero mi abuelita me pidió que le bajara el volumen. Me estaba sabiendo tan bien la música, pero como vivo en su casa tengo que hacerlo. Salí a barrer la calle y vaya sorpresota que me lleve, había una mierdota de ese tamaño que dices: “no mames”, era de un perro. En la esquina había una vomitadota que me dio asco. Maldita sea no había sido mi mejor mañana, levante la cagada y la vomitada, después me dirigí a terminar mis labores.
Ya eran las 12 del día, y no había terminado la tarea del taller de cuentos al que asisto. Luego el maestro es tan especial corrigiendo, te dice: “no me gustó tu final”; “¿Ahora eso que?”; “pongan puntos y comas”; “no lleva secuencia”.
Aunque sea así todos lo queremos un chorro. No sabía ni que pedo poner en el cuento que nos había dejado, así que hice lo que a mi pinche cabeza dañada se le ocurriera.
Terminé mi cuento, recordé que no tenía ropa limpia, -mierda- exclamé mientras aventaba los juguetes de mi sobrina, -esa niña deja todo donde quiera- dije muy molesta. Fui corriendo al cesto de ropa sucia y agarre lo primero que saliera, lavé rápido y la puse a secar, lo bueno que ese día había estado caluroso, porque de otra manera no se hubiera secado.
Ya eran casi las tres y media de la tarde, cuando Daniel me llamó por teléfono y me dijo que llegaría a comer, -maldita sea no he hecho nada de comer-dije después de colgar el teléfono. Fui a la tienda de don miguel, pedí $30 de longaniza y me dijo que no tenía, me dio un pinche coraje porque ese señor te pregunta como 4 veces lo que vas a llevar y al final te dice “no hay”.
Solo tenía media hora para hacer de comer y el tiempo era oro. Ya que no había longaniza en esa tienda, me fui a la tienda de doña petra y estaba cerrada; “puta madre” grite, no había nada en la primera tienda y la tienda de doña petra estaba cerrada. Estaba tan encabronada. Mi salvación era la tienda de la maestra, ella siempre tenía de todo, pero era bien mamona para despachar, daba caro y te daba bien poquito.
Llegue a la tienda y nadie salía, estuve gritando un buen rato, hasta que salió con una cara de momia, acababa de despertar. De muy mala gana me preguntó:
- ¿Qué quieres?
- Buenas tardes, quiero $30 pesos de longaniza, le contesté en un tono desesperado.
- No te daré mucha, ha estado cara la longaniza; yo le respondí:
- No hay problema la cosa es hacer de comer.
Cuando terminó de despacharme me fui a casa y me puse hacer de comer.
Eran ya las 5 de la tarde cuando Daniel llegó a comer, le serví su comida y después me fui a arreglar para irme al taller. Solo me quedaba media hora.
A las 5:30 me dirigí al taller, en el transcurso del camino tome la combi de mi colonia. No me gusta tomar esas combis porque siempre van haciendo pedejada y media y terminan chocando o se les termina la gasolina, solo rogaba que mi día no se completará con una cosa así.
En la calle de Reforma se le ponchó una llanta, -vale madre- dije en voz baja.
Todos estaban desesperados, todos se miraban con cara de enojo y le pedían al chofer que se apurara. Faltaban 20 minutos para llegar y me empecé a desesperar. Unas personas empezaron a bajarse de la combi. La combi se quedó con un solo pasajero….
La desesperación entro en mí y me baje de la combi a esperar otra.
Después de 15 minutos pasó una combi de la Ruffo. Me subí y llegué al centro en unos cuantos minutitos. Miré mi reloj y ya eran las 6 de la tarde –joder- dije Y me fui corriendo, apenas podía respirar. Llegue al taller y estaban todos entregando sus tareas, yo entregue la mía.
El perro nos puso unos videos, uno de ellos se llamaba “zapatitos” y el otro “utopía”.
Después nos dejó una actividad, trataba de hacer un pequeño cuento con el tema que nos iba a rifar. Puso los títulos de las películas en unos papelitos y nos dijo que escogiéramos uno. A mí me tocó el “utopía”. Hice mi pequeño cuento, al parecer le gustó.
Nos volvió a regañar, dijo que nuestros cuentos no tienen muy buena ortografía. Por una parte si estoy de acuerdo que sea así con nosotros. A pesar de las malas rachas que pasé en el día, el taller del perro no estuvo tan mal.
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