jueves, 8 de mayo de 2014

SOLEDAD EN MI CORAZÓN (RELATO DE UN PERRO)


Tenía miedo desde que me abandonaste en el parque, pensé que íbamos a jugar  la pelota o que me habías sacado a pasear, pero me equivoqué.
Recuerdo la noche anterior, cuando me acariciabas y me pedías perdón, yo no entendí porque lo hacías, llorabas y besabas mi cabeza, también me dieron ganas de llorar; no sabía lo que pasaba pero sentía  mucho dolor, me alimentaste de mas , diste aquella galleta que ni siquiera me dejabas comer, que porque según mis dientes se llenarían de caries, me diste de beber, me dormí contigo, me cantaste aquella canción de cuna que me cantabas cuando era un cachorro, me sentí extraño, todo se tornaba raro.
Cuando me dejaste en el parque me ataste a un árbol, me dijiste te quiero, te fuiste, pude ver que llorabas mientras te alejabas de mi y yo ladrando te pedía que te quedaras conmigo, que jugaras conmigo a las escandidas.En un principio pensé que era un juego, pero pasaron los minutos y tú no volviste, las personas pasaban y me miraban, mientras  decían:
 “Que hermoso perro”; “¿Quién habrá dejado a ese perro?”;“me da miedo ese perro”; “le deberíamos dar comida”, pero ni una me llevaba.
Recuerdo que pasó un señor que vendía tacos de canasta y creo que le di lastima y dio unos tacos, le ladre agradeciéndole y solo dijo:

“Qué bonito perro”, pero tampoco me llevo con él.

Todo ese día me la pase aullando, suplicando que regresaras,  tenía miedo y te extrañaba, la gente no comprendía porque ellos no conocían el idioma de los perros, ellos ni siquiera tenían idea que nosotros también tenemos  sentimientos, pensaba que las personas ingratas, cuando eres pequeño te aman y cuando eres adulto te abandonan, porque según ellos ya perdiste la hermosura que tiene un cachorro, acaso no saben que también sentimos.
Nosotros los acompañamos cuando están solos, no lastimamos sus sentimientos y que los amamos sin interés, que somos fieles hasta cuando nos regañan.
 Yo estaba muy resentido contigo, solo quería soltarme de aquella cadena que ataba mi corazón, aquella cadena que lastimaba mi cuello.


La noche llegó y yo seguía extrañándote, nadie fue a darme de cenar y en ese momento extrañé los regaños que me dabas cuando me hacía pipi en tu cama, extrañaba mi camita, y aunque no lo creas llore, ¿nadie sabe que nosotros también lloramos?, pues ahora ya lo saben, también sentimos.
 El recuerdo de cómo te conocí me traía tristeza,me encontraste en la calle y a la calle me vuelves a echar, yo era un cachorro lindo, quizás por eso ahora ya no me amas, pero quiero que sepas que yo a ti sí.

Los días trascurrían y yo seguía atado, había personas que me daban de comer, otras me golpeaban o  me aventaban piedras. Un señor que tiraba basura me desato de esa cadena y me fui corriendo ni siquiera me di cuenta que me había dejado un trozo de pan duro.

Me sentía solo, me sentía  extraño por todas esas calles que no conocía, quiero decirles que la calle de noche es soledad, se siente miedo, no tienes nada que comer y ni siquiera nadie te da cariño. En la calle conocí a varios como yo, unos estaban jóvenes y otros más viejos que yo, pero todos teníamos la misma historia, haber sido abandonados.

 Uno de mis amigos me contó que su propietario lo golpeaba a diario, lo echaba a pelear y siempre terminaba bañado en sangre, algunas veces ganaba y le iba bien porque le daba de comer los mejores manjares; pero cuando le iba mal llegaban a su casa  y lo golpeaba, siempre le decía que era un estúpido y que debía cambiar de perro porque él ya no le servía de nada; hasta que un día en una pelea perdió el ojo derecho y así fue como llego a la calle después de su propietario terminó de usarlo.

Otra amiga me contó que a ella la utilizaban para vender a sus hijos, que la cruzaban y la vendían por unas monedas y cuando nacían sus cachorros, solo dejaban que los alimentaran un tiempo y después la tristeza inundaba su corazón porque  se los arrebataban. Ella sentía muchodolor, de esta manera  llegamos a la conclusión de que somos los animales más desgraciados de esta tierra.

Todas las noches extrañaba a mi amo, pero mis amigos llegaban a consolar este corazón solitario. De verdad nadie se ha preguntado ¿los perros sienten dolor?, esa pregunta deberían hacérsela mientras nos golpean, mientras nos abandonan en las calles, cuando nos regañan de todo. No saben que nosotros somos como niños que necesitamos amor, necesitamos educación, compresión y sobre todo atenciones médicas.

Un día mientras caminaba por la avenida, observe a  un señor que abandonaba a un cachorro, fui corriendo y le ladre para que se alejara de allí, se asustó, me soltó una patada, y se fue corriendo.El cachorro estaba asustado, se había escondido  detrás de un bote de basura, me acerque a él y le dije que no se pusiera triste que viniera conmigo pues mis amigos y yo lo cuidaríamos para que nada le sucediera
.
 Nosotros lo  cuidamos  hasta que creció, y  una persona buena se lo llevó, después observábamos como lo cuidaba y sentimos rencor, pues a nosotros nadie nos podía amar.

Los años trascurrieron y yo era testigo de la muerte de cada uno de  los perros más viejos. Uno murió atropellado por un camión de carga, otra murió de un extraño dolor en el estómago creemos la envenenaron, otro de ellos murió de sarna; y así todos murieron hasta que otra vez me quede solo en la calle.

Un día enfermé y me la pasaba tirado en donde se pudiera, había gente buena que me daba de comer; también había  gente que le daba asco y me corrían a pedradas o me tiraban a gua. Recuerdo que un señor me tiro agua hirviendo y se reía pues me retorcía de dolor y aullaba horrible.

Aquel puente fue testigo de mi muerte, recuerdo que no dejaba de dolerme mi cuerpo quemado y lleno de sarna; tenía hambre y sed, aun extraña a mi propietario. Me hubiera gustado que estuviera conmigo el día de mi muerte, pero él no estaba, me había abandonado hace 10 años.
Me recosté en el pasto de aquel lugar, tenía mucho sueño y di el último suspiro; una luz alumbraba mis ojos y de pronto vi a mi amo, él estaba tan joven como yo, corrí y mientras lamía su cara y saltaba de gusto, me dijo que estábamos en el cielo y que nunca quiso abandonarme pero que lo hizo porque padecía  en cáncer terminal y que justo 2 meses después murió, y que al igual que yo estuvo solo, nadie lo amó, nadie le daba de comer y que siempre me extrañó, que le dolía cuando me  miraba desde el cielo, que observó cómo me  trataba la gente, las cosas que pase con mis amigos, el hambre que tenía y el dolor que sentía porque él no estaba.
Por primera vez  tuvo la suerte de escúchame hablar y le dije:

“A pesar de que me hayas dejado en la calle, siempre estuviste en mi corazón, y ahora soy feliz de haberte encontrado en el cielo”

Juntos estábamos en aquel lugar, todo era hermoso pues la luz de sus ojos estaba conmigo otra vez.





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