jueves, 19 de junio de 2014

LA FONDA(CUENTO CORTO)


Doña lupita es una excelente cocinera, todos los domingos voy almorzar el rico menudo que ella prepara. Su fonda siempre está llena, pues las personas no podemos resistirnos al olor tan delicioso del menudo que prepara, el olor nos inunda desde unos pasillos antes de llegar a su negocio.
Siempre me había preguntado “¿Cómo hacía  el menudo?”, algunos vecinos decían que ella lo preparaba con carne echada a perder, nadie les hacía caso, pues todos sabíamos que le tenían envidia porque las demás fondas casi siempre estaban vacías. Doña lupita era una persona muy amable y  a todos sus clientes nos preparaba un rico cafecito además de sus tortillas hechas a mano. Nunca cambiaria a doña lupita.
En una ocasión yo tenía solo 20 varos, ni siquiera me alcanzaba para un plato de menudo, yo le pedí de favor que me lo fiara y ella muy amable me contestó: “claro que ji mi moreno” ella hablaba muy chistoso, pues era costeña; ese día estaba muy hambriento y hasta me regalo un poco más de menudo. Platicábamos de  su pueblo Agua Zarca, además me dijo que su abuelita le había enseñado a cocinar el menudo y le había  contado el secreto para poder hacerlo más delicioso, yo no podía resistirme  a saber la verdad sobre su secreto, yo le pregunté “¿y cuál es el secreto?, dígame doña lupita no le diré a nadie”, ella muy seria me dijo “No mi moreno ya no jería jecreto ji je lo digo, pero eso ji de que según cocino con carne echada a perder no es jierto”. No quise insistirle más para que no se molestara conmigo, termine de comer, me despedí de ella y  me fui.
En el transcurso del camino fui pensando “de verdad doña lupita cocinara con carne echada a perder o será mentira”, no quise hacerme más cuestiones porque quizá eran chismes de los vecinos ya que le tenían coraje y mejor seguí caminado a casa de mi novia.
Siempre fui un chico muy curioso y me encantaba probar cosas raras, en una ocasión pague $1000 a unos chinos para que me prepararan escorpiones y cucarachas, al principio cuando los vi me empezó a dar un poco de asco, más que nada por el aspecto que tenían,  pero después me supieron tan ricos que todavía sigo frecuentándolos para que me preparen platillos de ese tipo. Así que no me importaba si doña lupita cocinara con carne echada a perder, pues estaba acostumbrado a la comida de ese tipo.
Paso la semana y yo regrese a la fonda de doña rosita, esta vez era su primer cliente y como de costumbre el mejor atendido. Le pedí un plato más grande porque esta vez estaba crudo, ella me lo sirvió y le puso un  poco de chile picado.
Cuando estaba comiendo me encontré con Pedazo de carne que parecía una cola, después seguí comiendo y encontré medio cuerpecito de rata, yo me saboreaba y seguí comiendo hasta terminar
Nunca me importó, de hecho me encantaba más el menudo, al final comía cosas parecidas en el restaurante chino, no quise decirle nada a doña lupita de su gran secreto, pero ella ya había notado que sabía todo que preparaba el menudo con caldo de rata, pero quizá ese día se le había ido una ratita.

Todos los domingos llegó a su fonda y le digo: “sírvame un platito con el secreto de su abuela”.

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